sábado, 25 de enero de 2020

Chile: las raíces de la ira


        


Chile: Las raíces de la Ira *
Extracto


El estallido de ira y malestar suscitado en Chile en octubre-nov 2019 sorprendió a la oligarquía dirigente, a  la sociedad entera  así como a  la opinión internacional. Estos tiene unas raíces en la transmisión de  las características de la formación del “yo mismo” en los lebo mapuches y como estas pasaron  a configurar a  los grupos mestizos, siempre marginados por la sociedad criolla. La ira acumuladas por estos sectores afuerinos (caracterizados como huachos, rotos hasta vándalos y alienígenas) explica la violencia y pone un desafío al sistema educativo y otras formas de socialización para encauzarlo  en otras funcionales  al sistema de convivencia democrática del siglo XIX.
El difuso malestar de los grupos medios ascendentes se relaciona con la forma  equitativa de distribuir el excedente  de la producción  social de las riquezas entre los mapuches, reforzado por la idea del Estado protector de los débiles cuyo origen está en la Monarquía Española del siglo XVI, Estas colisionan con la estructura individualista propuesta por el neoliberalismo impuesto por la Dictadura. Estas concepciones antropológicas de origen indígena constituyen el fermento  seminal del descontento social el  cual convirtió durante un mes “a la perla de neoliberalismo” y el “oasis “de Hispanoamérica en  un bosque de  llamas, saqueos, marchas y tumultos, ante la perplejidad de sus dirigentes y ocupó la  atención de los medios de comunicación  mundiales.
*Juan Meza-Lopehandia. Dr  Phil historia de América Artista visual.                                                                    Colaboró Jerónimo Meza-Lopehandia. Didacta Biodanza,         
 El artículo completo en https://mezalopehandia.blogspot.com/


Vuelvo de Bolivia, donde  fui a observar la elección presidencial y de  representantes. Ese país está ahora sumido en un caos político donde  se muestra todas sus debilidades, quizá también sus  fortalezas. He saltado de los fuegos hacia las brasas.
Intentaré dar sentido a  los  sucesos ocurrido en Chile a partir el jueves 17 de octubre  2019: empezado antes como un pequeño incidente de guerrilla urbana organizado por los estudiantes a través de las redes sociales- evasión del pago del Metro, cuyas tarifas venían en alza, continuó con una vorágine de fuego -  disturbios, tumultos, quemas, saqueos,([1])
Este primer momento de alzamiento del pueblo iracundo evolucionó luego a  multitudinarias  convocatorias pacíficas  de  más de un millón de personas sin un liderazgo aparente.
Esta sorprendió desprevenida tanto al gobierno como la clase política ([2]) envuelta en una rencilla permanente y casi personal, favorecida porque aquel no tiene los votos suficientes en el Parlamento para consolidar la política para la cual  fue elegido. Sus líderes provenientes de la educación elitista -con doctorados  en el extranjero- parecían ignorar el país donde viven: antológicas son sus declaraciones para presentar políticas que hicieron con anterioridad a la  rebelión y encendieron el conflicto - recuerdan las de la Reina María Antonieta antes de la Revolución “si no tienen pan, por qué  no le  dan torta”[3]
Sin entender su sentido profundo  el Presidente Piñera  en los primeros momentos y con su ansiedad característica proclamó a los vientos “estamos en guerra contra un enemigo dispuesto a usar la violencia sin ningún límite”. Dictó el estado de emergencia y el ejército salió a preservar el orden. Así evadiendo referirse al sentido profundo de la demandas de la calle, propuso la criminalización e invisibilización de los reclamos como parte de la estrategia de manipulación comunicacional reiteradamente usada para controlar los fenómenos sociales. Estas declaraciones expresan la misma ceguera de nuestra oligarquía cuando regó la tierra de sangre popular  desde matanzas  de Santa María  de Iquique (1907) hasta la de "Pampa Irigoin" en Puerto Montt 1969. Desatinó, pues las fuerzas armadas han sido capacitadas para matar al enemigo y no para controlar el orden público: dispone solo de un fusil.
 Tal represión no es ya viable políticamente hoy en Chile Criticado, aunque alerta en su tarea, el INDH (Instituto de Derechos Humanos)  ha presentado 280 querellas por violaciones de  los derechos humanos desde el inicio este proceso  social hasta el momento en que escribimos. En las primeras 3 semanas 200 ciudadanos han tenido daños oculares graves. ([4]) Esta situación ha llevado al Colegio de Oftalmólogos a declarar emergencia sanitaria. Durante dos semanas de manifestaciones se cuentan más de 180 heridos oculares, número cercano a las 154 personas con ojos lesionados registrados durante el conflicto palestino-israelí en un periodo de 6 años. [5] Cabe considerar como antecedente en el primer gobierno de Piñera -en el año 2011- hubo otro fuerte levantamiento social durante dos meses en la región de Magallanes y 14 personas tuvieron daño ocular grave por perdigones disparados. Esto no es una situación de policías individuales  sino una violación de DDHH por parte el Estado de Chile mediante carabineros. Luego el gobierno desistió de esta política, instando al diálogo y cambio el gabinete nombrando personas con” más calle” ,esto es, cuya experiencia social estuviera más cerca de las reivindicaciones populares.
Ahora confluyen en un momento histórico dos procesos separados:   la violencia inusitada como expresión de las características del  mestizaje cultural en  Chile y el malestar de la clase media marchando por demandas aspiracionales y de equidad.
Para el primer fenómeno - acción destructiva, el saqueo y las quemas- proponemos una explicación  enraizada en el mestizaje y las características que aporta a éste  la sociedad indígena y su permanencia  en la cultura contemporánea en Chile. Desde el punto de vista genético el 48,5% del ADN es europeo, otro 48,5% es indígena y un 3% es negro. - aunque nuestra oligarquía lo quiera negar- [6] Hay variaciones del 10% en la distribución norte-sur y según la condición social: menor en la clase alta y mayor en los grupos populares. También una contribución similar en el entorno cultural,  somos mestizos en esta proporción  aunque  ni  la antropología ni la historiografía -hasta donde he encontrado evidencia- han intentado explicar cómo las actitudes fundamentales de la sociedad aborigen han pasado a constituir un núcleo poderoso de la visión de un sector basal de la sociedad mestiza. En aquella hay una  peculiar  configuración de la identidad: esta se hace a través del conflicto[7]  Esta estructura se enraíza en la pertenencia a un lebo equivalente a una circunscripción territorial. Cada comunidad estaba referenciada simbólicamente en el rehue -el espacio sagrado ceremonial de cada lebo- donde se desarrollaban las reuniones festivas y guerreras, las ceremonias religiosas esenciales a la reproducción simbólica de la sociedad “en el lebo[8]De esta organización de la  sociedad mapuche   hemos heredado también la  dispersión de los liderazgos  y la acción individual en los conflictos. Es un aspecto  no  considerado por los analistas.
En las enormes manifestaciones posteriores a las quemas de los primeros días y posteriores no aparecen liderazgos claros, estas son auto-convocadas. Las bandas de fanáticos de equipos profesionales de futbol con sus banderas y gritos,-eternos antagonistas- deambulan ahora  entre los manifestantes y participan sin que se produzcan los incidentes corrientes en los estadios. El ambiente muchas  veces festivo está poblado  de banderas chilenas, y sorprendentemente- de banderas mapuches. (Wenüfoye)[9] Esta fue creada originalmente como antagónica a la bandera de Chile, según declaraciones  de su “werken” - vocero- Aucán Huilcaman).
Habría que preguntarse por qué se ha afincado tan fuertemente en las  multitudes. Una respuesta interesante la da Solenia Pimentel [10]  quién caracteriza estos movimientos indígenas como “impugnadores  del actual contrato social”  buscando una reconfiguración del modelo estatal a través del reconociendo de su existencia y de los  derechos unidos a ella en las leyes fundamentales del estado” Indudablemente se  produce una asimilación visceral  entre las reivindicaciones  sin líderes  de estas multitudes  y las de los movimientos mapuches quiénes  han confrontado  al estado chileno desde  la “ ocupación de  la  Araucania” hasta ahora sin encontrar soluciones.[11]
Ahí también conviven con los símbolos de la cultura neoliberal: carteles de los Simpson dan voz a las demandas populares. Eso es evidencia de la condición mestiza de la sociedad, hecho difícilmente reconocido por los chilenos.
Reconocemos como, en miembros de los grupos populares marginados, encuentran en el uso de la violencia, la expresión de su identidad y una especie de éxtasis orgiástico en la destrucción.  Vemos casos en que el saqueo no tiene una finalidad económica sino ritual: se llevan televisores plasma para incendiarlos en las barricadas. Interpretamos esto como expresión de desprecio hacia símbolos del prestigio burgués. Dhiraj Vaswani, bombero quién ha participado activamente  en el control de los desmanes  en la Zona Cero  coincide “el fuego no solo ha marcado las manifestaciones a través de la violencia de su poder destructor; he visto festividad en torno a las llamas, al final de las marchas, con grupos de personas  bailando  alrededor de fogatas como en un ritual primitivo[12] También  explica  los “incidentes vandálicos” cuando los manifestantes  han atacado ferozmente la  joya de la modernización capitalista “el Metro de  Santiago” con daños calculados en $380 millones de dólares, y al 3 de noviembre, -según el ministro de Economía-  las pérdidas de empleos por los saqueos comprometen alrededor de 58.000 puestos de trabajo, sin que esto afecte el ánimo de los participantes pues ellos sienten esa pérdida como ajena.
La oligarquía ilustrada agro-comerciante quien ha manejado el país desde el siglo XVIII describe  este proceso de violencia  paroxística como “se le salió el  indio” y no está  equivocada sino en su habitual forma despectiva como lo valora. Desde el siglo XVII aquella se volcaba en el “malón” -esa campeada sorpresiva contra los poblados fronterizos españoles donde se  saqueaba, se robaba mujeres y ganado cuando se veía al “otro” como enemigo necesario para alcanzar el “Yo mismo”.  De la  mezcla étnica se fue forjando una sociedad mestiza sin reconocimiento legal, es decir durante 3 siglos “los huachos”, “los rotos”, “la plebe”, “los mal entretenidos” (expresión del Siglo XVIII) no fueron sujetos de derecho.[13] hasta se intentó expulsarlos de los “pueblos de indios”. Esto  señala un fracaso estructural en el proceso educativo, como elemento de  integración social. Si bien las cifras apuntan a una gran cobertura, es decir tenemos matriculados al 97% de los jóvenes en edad escolar,  no  hemos aportado en la depuración de ese proceso de construcción del “yo” por medio del conflicto, esto ha dejado en evidencia el descuido en la educación afectiva. Solo recientemente han empezado una estrategia contra el “bullying”- y empleamos  la expresión inglesa!- sin percatarse de la raíz antropológica. Esta marginalización se evidencia en este hecho: el 80% de los presos son hijos de presos,  tanto ellos como sus padres nunca estuvieron insertados en el sistema. El desafío  contemporáneo reside en cómo encausar  esa energía en nuevas formas funcionales al  proceso democrático del siglo XXI. Esperamos de los psicólogos  sociales ayuden a  profundizar en este proceso de autoconocimiento y educación para entender este proceso de marginalización y buscar soluciones.
La interpretación de nuestros dirigentes desde el gobierno, con su habitual estrechez para comprender los procesos globales  ha tendido desde el primer momento buscar un responsable en bandas organizadas, grupos anarquistas, agentes  extranjeros e “invasiones alienígenas. No hay tal Abimael Guzmán, ni organización como Sendero  Luminoso. En el estado actual de la  tecnología basta este sustrato  de rechazo visceral al  sistema, una voluntad decidida, definir un objetivo, un celular y una red social. Cualquiera otra explicación andará buscando chivos expiatorios a palos de ciego. No obstante, con el desarrollo de los  sucesos estos grupos de iracundos han ido adquiriendo organización para lograr sus propósitos, la expresión de un sentimiento profundo contra el sistema, donde no encuentran oportunidades (agregado al escrito en 20 noviembre 2019)
Aunque el problema de orden público sea muy importante y mantenerlo es la primera obligación del gobierno, limitarlo a este aspecto, como piden muchos desde  la extrema derecha, es un error profundo en el diagnóstico. Tratar de ganar tiempo –como un hábil jugador de póker-a la espera del desgaste del movimiento es otro error magnífico.
No sólo “malentretenidos” “alienígenas” han participado en los saqueos de supermercados y farmacias. Sorprendiendo a sus propios vecinos de los barrios pobres han sido gentes trabajadoras con ingresos medios-bajos quiénes también han tomado parte. Las revistas semanales han explorado este campo muy delineadamente En estas poblaciones, cuyo nivel de vida sin duda ha mejorado, se fue acumulando un sedimento de ira por las desventajas sufridas en relación a la ubicación espacial,-el desplazamiento hacia el trabajo suele ocupar normalmente hasta tres horas- la inequidad  en la  acción protectora del estado  y la participación en los frutos del progreso.[14] . Este proceso fue deslegitimando el orden establecido  pasando del  “no robarás” al “¡si son ricos, porque no! Se produce  entonces  un efecto manada y “todo es cosa de empezar” Así se han realizado  múltiples jornadas de saqueos e incendios las cuáles de delincuentes comunes aprovechan y favorecen la acción.
El segundo fenómeno de las protestas pacíficas multitudinarias  ha dado  lugar a múltiples explicaciones. Mayoritariamente se acude a  la explicación sociológica de la frustración y miedo de los grupos medios ascendentes quienes temen -al disminuir el ritmo de crecimiento económico, como efectivamente ha sucedido-  caer nuevamente en la pobreza y reclaman su participación en los frutos de ese crecimiento. Los analistas más versados apelan a las experiencia ocurridas en Japón por los años’ 60 y luego en Corea  por los ’90. Esta explicación no da cuenta de  las  diferencias culturales de cada sociedad  ni tampoco explican  los actos de vandalismo,  atribuyéndolo borrosamente  a “la acción anarquista y del lumpen “
Para comprender este segundo  movimiento  hay un elemento expiatorio que viene de nuestra raíz mestiza. Entre los mapuches, especialmente  los  pewenches, entre  quiénes he trabajado los últimos 20 años, los frutos del proceso colectivo de creación de riqueza deben ser repartidos ecuánimemente. Así cuando le va bien a uno  individuo, no puede quedarse con todo el excedente: parte de los frutos  de su trabajo  ha de ser repartirlo entre los miembros menos aventajados  de su grupo y  luego con el resto invitar a una fiesta generosa. Desde el punto de vista occidental esto último aparece como un “despilfarro” en una comunidad pobre. También puede leerse como una acción expiatoria del triunfador  quién debe hacerse “perdonar” por su éxito. Si no lo fuera    suficiente se lo sanciona socialmente. Esta actitud ha sido calificada desdeñosamente  por nuestra oligarquía ilustrada  criolla como “chaquetear  al exitoso”. También se ve en la costumbre social de “pagar el piso” quien recibe su primer sueldo invitando  a una fiesta a todos sus  colegas de la oficina.”                                               
Se trata pues de dos concepciones distintas respecto del reparto de los bienes socialmente producidos. Por eso aunque hayan ido a la escuela y  sepan leer no están incorporados a la sociedad recientemente modernizada desde conceptos anglosajones y centralmente  individualista. “Cada  uno se rasque con sus propias uñas”. Ellos chocan por su  visión comunitaria del reparto de la riqueza y el significado cultural simbólico de la fiesta  con el  individualismo capitalista anglosajón introducido por el neoliberalismo
Este movimiento ciudadano es  también el proceso  de demanda de reformas del modelo como una respuesta a lo que es sentido como fracaso del proceso del reparto  en la modernización. Este ha asumido en Chile, bajo la óptica  del crecimiento económico neoliberal, una  promesa de la aumento constante del consumo- acceso a más bienes -  Puede documentarse en sentido contrario: hace 10 años se necesitaban  2 sueldos  mínimos para tener un refrigerador mientras ahora  ese mismo sueldo alcanza para comprar dos, Desde  el  punto de vista de los  datos duros-  tanto preciados por los economistas y formuladores de políticas públicas-  este proceso modernización ha significado una mejoría de las  condiciones de vida de la población. Han salido de la pobreza extrema y  parcial hasta alcanzar casi los niveles  promedios  de un país en desarrollo. Sin embargo este crecimiento ha sido entendido como injusto pues no ha sido equitativamente compartido y ha precarizado las condiciones de vida, inequidad  e incertidumbre  dejando bolsones de pobreza, en la equidad horizontal, por  ejemplo, bajas pensiones, salarios escuálidos  altísimos precios de  remedios, altas contribuciones  territoriales para las clases medias empobrecidas, y  largas listas  de espera en los  servicios de atención médica. En los últimos 15 años hemos agregado 9 años a la vida promedio, pero el  80% de la población quienes ahora viven más, está enferma crónicamente. Los residentes  en las comunas acomodadas (Vitacura) tienen, en promedio, diez años más de vida comparado con quienes viven en La Pintana.[15] La segregación territorial es otra expresión de la segregación social, y fue reforzada por la Dictadura,- se expulsó  a los grupos  bajos de los barrios acomodados, dispersándolos en  diversos asentamientos debilitando su estructuración social- generando una invisibilización de la pobreza. En la práctica se puede vivir en el centro de la urbe -el sector oriente de Santiago, de” plaza  Italia pa’ arriba”- con casi nula conciencia de la existencia de esta periferia pobre. El desplazamiento no es solo territorial sino que también simbólico: el “desaparecer” del lazo social atemoriza a las capas medias y se vuelve reclamo para consolidar su posición aspiracional y de ascenso social.
El proceso de crecimiento económico y retribución del modelo neoliberal no corresponde con el modelo tradicional desarrollado en nuestra sociedad. Este estaba fundado  tanto en el concepto cristiano de la equidad como en el mapuche de la repartición solidaria  del excedente y la fiesta. El jefe  estaba obligado a dar para legitimar y reforzar la nueva posición central que ocupaba en el espacio social. [16]


Este nuevo modelo  foráneo  fue impuesto por la dictadura-después de un conflicto muy serio  con los sectores tradicionales- nucleados alrededor  del General Leigh- por un grupo de economistas provenientes de la oligarquía  tradicional  y de los grupos medios ascendentes, quiénes  habían estudiado en la Facultad de Economía de la UC por entonces confesional y muy cerrada.  Ellos fueron enviados a cursar estudios de Postgrado a la Universidad de Chicago cuyo gurú fue Milton Friedman: a USA una nación de emigrantes en búsqueda de un destino mejor y enraizado en la experiencia más individualista. La estrategia del modelo cristalizó en un documento llamado “el ladrillo”, y contra toda la “tradición militar chilena” planificadora, estatizante y jerarquizada, fue  bendecido por Pinochet mismo como un camino para el fortalecimiento  del  crecimiento a través de la ambición y esfuerzo personal, el individualismo, la competencia, la eficiencia y asignaba al mercado- la confluencia de la oferta con la demanda - la legitimación de la ganancia- Se transformó  el rol  del Estado. Desde los  tiempos de la Monarquía había sido un protector de los más débiles (legislación indiana) ahora  a uno meramente subsidiario. Su acción interventora se reducía  a un mínimo: sólo a situaciones cuando las fuerzas del mercado producen injusticias evidentes.
Este modelo continuó dirigiendo la vida económica y social de Chile, aún después de la caída del dictador Pinochet, cualquiera fuera  el signo político del gobierno, y ha conducido a una precarización laboral y tampoco ha colaborado en la reconstrucción los grupos intermedios de la sociedad despiadadamente perseguidos por la Dictadura- actualmente solo el 10%  de los trabajadores esta sindicalizado, y el derecho a huelga severamente limitado
Esta intención transformadora  se aprecia también en la introducción de un nuevo modelo educativo. Por la difusión de la educación pública gratuita, desde  el siglo XIX el proceso  había consolidado una clase media burocrática y profesional al servicio del Estado, cuyos servicios eran requeridos especialmente durante la segunda mitad del siglo XX al crecer las tareas asignadas a este,. Los gobiernos de cualquier signo  en democracia  desdibujaron este proceso convirtiendo la educación en un bien de consumo por el que debía  pagarse, generándose un sistema segregado de colegios semi-privados y universidades privadas donde fluyen los miembros de los grupos medios de reciente ascenso, endeudándose en la esperanza de consolidar su posición. Se ha formado así un contingente numeroso  de profesionales insatisfechos, endeudados,  con títulos devaluados en un país donde el  ascenso  social  está ligado a la cuna y la estirpe, mientras algunas universidades privadas han quebrado dejando sus estudiantes “a la intemperie”
Hacia 1976, la Dictadura  proclamó el establecimiento de un sistema de economía “social” de mercado -según el modelo alemán. En realidad el mercado chileno es pequeño, representa solo el representa 0,45% en el PiB mundial. Por tanto fácilmente las empresas eficientes configuran oligopolios, siendo habitual la  participación sobre el 80% en un área de la economía. Junto con eso, por voluntad política de precarización expresada como libertad comercial,  no se incluyeron las características que en Alemania  le dan el carácter “social” y protector.  Ha resultado de esta estructura tanto un espectacular crecimiento -economía abierta y múltiples tratados de libre comercio- como una inequidad patente. Hemos configurado la sociedad más desigual comparada con los países de la OCDE. En Chile -según CEPAL- 1% de los más ricos acumula  el 26.5% del PIB mientras 11 chilenos aparecen en el Ranking Forbes de los 1000  más ricos del mundo y entre  las 100 más ricas está en el lugar 74 Iris Fontova (Luksic), con una fortuna  de US$ 15.400  millones. El presidente de Chile, Sebastián Piñera ocupa el lugar 804 con un patrimonio de US$ 2.800 millones[17] (16). Esta desigualdad es vista como algo estructural. En la OCDE el sistema  tributario funciona como nivelador del campo y permite financiar un Estado poderoso e interventor  en la  sociedad- no  lo hace   acá: antes de los impuestos tanto Austria como Chile estaban en el nivel 0.50 del coeficiente de concentración de Gini. Este índice (mide la desigualdad de los salarios  donde 1 es lo máximo y 0 es la completa igualdad) luego de los impuestos en Austria quedaba en el 0.28 mientras nuestro país ranqueaba en el 0.46. Acá se revela la total desatención de los grupos dirigentes posteriores a la dictadura y su incapacidad para acoger las necesidades de las personas, utilizando el sistema tributario como herramienta de corrección pro-equidad. Contra esta inequidad multiforme –horizontal y vertical-  protestan los 1.200 000 personas que se juntaron pacíficamente el 26 de octubre en Plaza Italia, formando  la mayor concentración de la historia del país.
Así, sin el control del Estado, rápidamente los más eficientes constituyen oligopolios  y se restringe o conciertan los precios. Esto va desde  las agencias administradoras de las Pensiones (AFP) – un sistema no-solidario de capitalización individual instaurada por la dictadura- la cuales han terminado entregando pensiones míseras, del cual solo se salvaron las fuerzas armadas, ¡privilegio escandaloso! [18]. El mismo proceso se verifica en la  colusión de precios de las tres cadenas de Farmacia, estas monopolizan el 97% del mercado, las cadenas de distribución de alimentos y aun en las distribuidoras de ropa usada, prendas, antes compradas por los más pobres, ahora constituyen “ropa vintage” y hay solo tres importadores elevando considerablemente sus precios, en ocasiones igual a las de ropa nueva.
El rápido crecimiento experimentado hasta 2014 en una atmósfera de individualismo extremo y sin mecanismos de control eficiente pudo ocultar muchas falencias, las que ahora salen a luz. La corrupción  invade hasta las Fuerzas Armada y de Orden, donde se han registrado  fraudes consistentes en el tiempo por más de US$ 38 millones (Un Comandante en jefe se encuentra preso y otro encauzado). Los escándalos de financiamiento irregular de la política, donde miembros de la oligarquía plutocrática financiaban representantes quiénes  les quedaban amarrados, más el hecho que los culpables solo recibieron sanciones irrisorias como multas y clases de ética[19]Múltiples denuncias conocidas gracias a la prensa y la ley de transparencia han conducido a crear en las personas una atmósfera de exasperación y desesperanza ante la  impunidad de quiénes podían saltarse la ley sin consecuencia. Por su parte, los dirigentes políticos cegados en sus riñas privadas se han alejado de las  necesidades populares, los proyectos de ley  propuesto para solucionar los problemas de los más pobres del  país encuentran entrampadas en el Parlamento, como el aumento de pensiones, pilar solidario para suplir las mínimas, etc. La lista de agravios es interminable y nos ha conducido a estrellarnos con la dura muralla de la realidad. El sistema  del neoliberalismo contradice conceptos fundamentadores de la sociedad mestiza  y ha debilitado el concepto de “lo público” desarticulando la legitimidad del frágil consenso instaurado por la dictadura. Esta deslegitimación se expresa  desde el desprecio a los políticos como sus representantes, la desconfianza  hacia las instituciones configuradoras de la vida social como  la Iglesia, las fuerzas armadas, la prensa y la televisión hasta la  participación de “ gentes que uno nunca  se hubiera imaginado “en la ola de saqueos  registrada hasta en las pequeñas ciudades( Talca, San Antonio, Quilpué, donde” todos nos conocemos”)  Para preservar la paz una sociedad moderna y tecnologizada requiere legitimación en sus relaciones sociales y económicas. En este momento Chile no la tiene y eso explica la devastación y  los enormes saqueos. La perla del neo-liberalismo esta fracturada y en llamas, pero esta no es una crisis de país pobre, como podría ser la de Ecuador, Bolivia o Nicaragua, sino otra- muy violenta-,  de crecimiento en protesta por la inequidad, y frustración de aspiraciones germinando sobre un sustrato de exclusión donde el sistema ha sido deslegitimado. Las dificultad para encontrar soluciones  no pasan por la carencia de recursos, -los hay-, sino por voluntad política  de estructurar un  pacto social  legítimo  y de amplio consenso, pues los modos de convivencia dentro de los cuales nos desenvolvíamos carecen de ella porque sus fundamentos fueron traicionados por la dictadura. Está por verse si los dirigentes políticos tendrán la sabiduría para encontrar las soluciones prudentes inspiradas en la equidad, donde se conjugue la justicia con el crecimiento. Porque los chilenos lo han hecho evidente: no hay paz sin justicia.
Pero falta una pregunta que todavía no nos hacemos ¿Es para esto que queríamos ser ricos? O más grave aún nos planteamos alguna vez  ¿para qué queríamos ser ricos?


Juan Meza-Lopehandia. Dr Phil. Historia de América. Analista político y artista visual- Colaboró en la edición y sugerencias Jerónimo Meza-Lopehandia. Didacta de Biodanza.


Comentarios y diálogos al mail. juandechile@yahoo.com
1. Carmen Cepeda, monja de la Congregación de Santa Laura Montoya, residente  entre los t’Schimani en Misión Fátima, Alto Beni, Bolivia.“Oiga! Creo que es medio impertinente mi comentario; pero  Ud. dice que las raíces  de la ira están el pueblo indígena, en los genes que ellos aportan a la sociedad chilena.
Respuesta de JML.Esa es una interpretación racista de una percepción antropológica. La formación del “yo mismo” entre los mapuches es a través del conflicto así como la difuminación del liderazgo, no está en los genes, es cultural ahora  se trata de darle nuevo cauce a esa energía, que fue positiva para subsistir en el siglo XVII, ahora es disfuncional a la sociedad mestiza que hemos creado.






[1] ) el mostrador.  Fiscal revela que quema a estaciones de Metro se iniciaron en lugares de acceso restringido. 24 noviembre 2019, de diario electrónico el mostrador Sitio web: https://www.elmostrador.cl/dia/2019/10/27/fiscal revela-que-quema-a-estaciones-de-metro-se-iniciaron-en-lugares-de-acceso-restringido/   revisado 2019/11/15

[3] Ver “ Chile.Palabras que estallan” en  mezalopehandia.blogspot.com
[4] ) INDH (2019) reportes de estadísticas INHD 24/nov/ 2019.Sitio web: https://www.indh.cl/  revisado 20 noviembre 2020                                         
6  Rev. Med Chile 2014; 142: 281-289 Geografía génica de Chile. Distribución regional de los aportes genéticos americanos, europeos y africanos Macarena Fuentes1,a , Iván Pulgar2,a , Carla Gallo4,b , María-Cátira Bortolini5 , Samuel Canizales-Quinteros6,7,c , Gabriel Bedoya8,d , Rolando González-José9 , Andrés Ruiz-Linares10, Francisco Rothhammer1,3,e. Cátira Bortolini5 , Samuel Canizales-Quinteros6,7,c , Gabriel Bedoya8,d , Rolando González-José9 , Andrés Ruiz-Linares10, Francisco ,3,e  Rothhammer1





7 Gillaume Boccara Extraído de: https://muse.jhu.edu/article/12303- Consultado 2019/11/27 ha tratado detalladamente tanto en las razones de la resistencia indígenas a la invasión española como las transformaciones ocurridas en esa  sociedad
[8]. Gillaume Boccara Op  cit pág 9 En efecto, la guerra  era una verdadera guerra de captación de la diferencia, de construcción del "si-mismo" en un movimiento de apertura caníbal hacia el "otro. Era también al nivel del lebo-circunscripción territorial y social- donde se desarrollaban las reuniones festivas y guerreras y las ceremonias religiosas esenciales a la reproducción simbólica de la sociedad Gillaume Boccara. Op cit 13 Durante la primera etapa, la maloca tendía a imponerse como la forma privilegiada de la confrontación bélica. Poco a poco la guerra (weichan) se veía desplazado por el pillaje (maloca), que permitía a los indígenas captaran los bienes extranjeros y… los caciques juntaran el capital económico necesario al nuevo tipo de poder que ejercitaban.


[9] La Wenüfoye fue puesta de inmediato fuera de la ley por el gobierno de la Democracia Cristiana en 1992, al ser  presentada aquel 6 de octubre en Temuco. La bandera Mapuche y la batalla por los símbolos Por Fernando Pairican 04.11.2019 en ciper chile https://ciperchile.cl/2019/11/04/la-bandera-mapuche-y-la-batalla-por-los-simbolos/ Consultado 2019/11/15

[10]  Solenia Pimentel Álvarez.”Relaciones  conflictuales entre el Estado de Chile y el Pueblo Mapuche: Política de tierras y proyectos de inversión” Master Interuniversitario de Estudios Contemporáneos  de America Latina. Madrid 2016,Pag 18. https://www.academia.edu/29778340/  consultado 2019/12
[11] Jorge Weke, miembro del Consejo de Todas las Tierras para ese tiempo y actualmente werken del Parlamento de Koz Koz, “ve un símbolo de liberación, de auto- reconocimiento, de creer en la unidad dentro de la diversidad, de respetar, de valorar cada frente de lucha, de valorar cada aporte que hace el mapuche donde sea que se encuentre”.
[12] (Bomberos en la zona cero. Revista del Sábado 2019/12/ 7.
[13] “En efecto, entre 1880 y 1900, los mestizos asentados en la Araucanía se transformaron en el más poderoso obstáculo para la consolidación del proceso de ocupación que realizó el Estado chileno. No obstante, a diferencia de la estrategia mapuche, de resistir militarmente, éstos usaron el ladino recurso de la insubordinación, de la desobediencia y de la indisciplina individual y colectiva que, desde el centro de la sociedad civil, erosionaba los mecanismos de gobierno, debilitaba a la autoridad del Estado y creaba un clima generalizado de temor y de angustia en la base social. En ese sentido, la acometida mestiza no consistió en batallar contra el ejército chileno, sino en acosar, perseguir y destruir a granjeros, colonos y labradores que, desde el mundo del capital, del trabajo o del comercio, llegaron a la Araucanía a 12cosechar los beneficios materiales que ofrecía la ocupación. En ciudades, villas, asientos mineros y estancias, se trataba de hacer germinar el desconcierto, de propagar la anarquía e infiltrar cada aspecto de la vida cotidiana. La tarea, en sí, no era nada difícil, pues los mestizos debían seguir siendo lo que siempre habían sido: afuerinos. L. León. La trasgresión mestiza en la vida cuotidiana de la Araucanía. Revista de historia social y de las mentalidades N° 6 primavera 2002 pág 68 .También Gabriel Salazar ha enfatizado diversos aspectos del fenómeno en libros como Ser huacho en Chile, labradores, peones y proletarios entre otros

[14] La historia de Roberto Campos, profesor  universitario de Matemáticas y Estadísticas  ilustra  estos aspectos Revista Sabado.El Mercurio.” Furia y arrepentimiento de un profesor”.#1105 23/11/.2019, También “Historia de un saqueo” en Revista Sabado  el Mercurio#1104 16/11/2019

[16] Boccara, Guillaume. "Etnogenesis mapuche: resistencia y restructuración entre los indígenas del centro-sur de Chile (siglos XVI-XVIII)." Hispanic American Historical Review, vol. 79 no. 3, 1999, p. 425-461.pag 18. Revisado en 26/11/2019 Project MUSE muse.jhu.edu/article/12303.2019/11/26

[19] 18) Nota Godoy, Lorena [et al.] Disciplina y desacato Vgila. Construcción de identidad en Chile, siglos XIX y XX Santiago de Chile : Coedición SUR/CEDEM, 1995  Obtenido desde: http://www.sitiosur.cl/r.php?id=75. [Consultado en: 03-12-2019] citando a Fou,cault, en su obra Vigilar y castigar (1989) pag 150 “La prisión suprime la libertad individual, uno de 10 valores básicos del ser humano, cuya perdida tiene el mismo precio para todos; mejor que ,la prisión es el castigo "igualitario" por excelencia”


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