viernes, 10 de marzo de 2017

La otra cara de Dominga

La otra cara de Dominga

El rechazo por la Comisión Regional de Evaluación Ambiental al proyecto de la minera Andes Iron,-con una inversión de US$ 2 500 000 - nos pone en evidencia una cuestión mucho más fundamental. 

¿Qué tipo de desarrollo queremos para nuestra sociedad? Seguir como lo hemos venido haciendo desde el siglo XVII  con la exportación de minerales sin refinar o semi-refinados  -responsable de la desertificación del norte desde Copiapó al Sur- o uno nuevo basado en las capacidades de nuestros habitantes y la puesta en valor de los recursos peculiares del país. 

Debe ser considerado: el proyecto neoliberal  fue impuesto por la dictadura y aunque ha quintuplicado el PIB no  parece tener  legitimidad: La población ahora quiere tener una participación mayor en las decisiones como lo demostraron las movilizaciones populares en la plaza de Serena.

La zona de explotación de la Dominga está aledaña al parque Nacional Pingüino de Humbolt -¡uno de los 26 lugares de mayor Biodiversificación en el mundo!- y permitir su eventual contaminación por los relaves de la mina nos llevaría a repetir la experiencia de los Cisnes de cuello negro en Valdivia. 


Como comunidad merecemos una explicación del ex-presidente Piñera quién suspendió la instalación de una planta Termoeléctrica en la zona, medida aplaudida por los conservacionistas y ciudadanos responsables, aunque se saltara la "normativa ambiental"   (¿qué tan ambiental es la normativa ambiental?)

Visto en el corto plazo admitir el proyecto Dominga con 26 años de vida útil es continuar con un modelo de desarrollo extractivo. Éste -entre otras contribuciones- ha puesto a nuestro mayores grupos económicos en la Lista de "Fortune" sacrificando la conservación de los recursos. ¿Queremos tener más riqueza para ellos y salarios para sus empleados o dar oportunidad a los pequeños empresarios en el área turística  quienes ponen su esfuerzo en dar a conocer el Parque Humbolt y sus maravillas.

En el largo plazo la conservación del planeta y la biodiversidad siguen siendo una deuda pendiente de nuestro gobierno nuestros empresarios y,porqué no decirlo, de nosotros mismos.