sábado, 21 de septiembre de 2019


Siete razones por las que fui a Etiopía














                                                         Volví recientemente de Etiopía y un amigo me preguntó por qué había ido  a un país tan recóndito y alejado de los intereses de un viajero occidental.
Tal vez allí esta la  primera razón: no soy  un viajero occidental. Más bien suelo visitar lugares  no habituales  como Hungría  donde  la lengua  es absolutamente extraña, (sólo tiene un parentesco con la hablada  en Finlandia). Mi interés está en reconocer las limitaciones que me impone mi condición de viajero occidental – el rasgo más notable es tener siempre un juicio desde la superioridad- para establecer una conexión empática con “el otro” cuando ese otro es un extraño y la situación es una situación exótica.
Con Etiopía o Hungría no participamos de lazos comunes como los hay cuando visitas Hispano-américa donde apenas somos foráneos. Desde ese punto de vista. Etiopía es un país donde somos  extraños, no tenemos bases en común, su idioma, el amárico, es de origen semítico- no latino- y se hablan allí además, ochenta lenguas de distinta raíz- (recuerdo; además cushita, nilota, bantú etc.) y más de 200 dialectos. Te alejas de la calle principal,  donde muchos letreros están en inglés y quedas entregados a un conjunto de signos muy similares entre si y desconocidos: el alfabeto amárico, uno de los ocho lenguajes predominantes. Para nosotros resulta desconcertante  cuando tratas de descifrar un carácter la adición de pequeños apéndices ya a la derecha o a  la izquierda, arriba o abajo, pues estos representan a la vocal que sigue a la consonante principal y modifican su significado. Además el amárico es un idioma muy musical, al variar la cadencia, varia el significado.
Esta lengua semítica  proviene  del cananeo en su rama meridional occidental y es prima lejana del arameo que hablaba Jesús, desarrollado en la rama nor-occidental
Si  no entiendes el sistema de signos con que se comunican  verbal o por escrito, ¿qué haces allí? Mi respuesta: observar, formular preguntas y buscar las respuestas cuando encuentras un participante bilingüe, o literatura referente.
Esta condición peculiar de viajante en territorio extraño me ha permitido desarrollar una “empatía hacia  el  otro” además de un sistema de signos corporales que permite una rústica comunicación. Pero sobretodo, me ha llevado a agudizar la observación de modo que los hechos me permitan inferencias válidas sobre el país sin estar prejuzgando ni comparando con lo avanzado que es nuestra condición. ¿Qué significa el que los billetes de máxima denominación estén muy gastados y solo valgan US$ 3.15?                           Este modo de viajar que he  llamado “a ras de piso” es mucho más lento, permite inferencias interesantes sobre el país. Por ejemplo el país no sigue el sistema de usos horarios establecidos en el siglo XIX por las potencias   dominantes de occidente. Aprendí esto en un traspié que casi  me costó el pasaje entre Bahir Dar y Lalibela. Pedí al recepcionista del hotel que me despertara a las 4.30 pues el bus partía a las 5.00. El me pregunto ¿Hora Etíope?  ¡Obviamente! le contesté pensando que se refería no a la hora internacional del meridiano de Greenwich  sino a la hora local correspondiente al huso horario  de Etiopía. Sin embargo él  le hizo un gesto al ayudante y cuando me fue a despertar eran las 10.30 de la noche. Entonces me explicó:
Los días siguen el sistema  de 12 horas. En lugar de ajustarlo a la mitad de la noche se hace al amanecer, de forma que presentan un desfase de seis horas con el huso que les corresponde. Como Etiopía está cerca del Ecuador, en cualquier época del año amanece a las 6 de la mañana de nuestro huso horario occidental y anochece a las 6 de la tarde. O sea en el horario moderno a las 6:00 am en Etiopía son las doce de la noche. No es para sorprenderse, - aunque le  pregunte la razón a personas sin obtener respuesta- pues ellos siguen el modelo  del  Medio Oriente, él mismo que seguían los hebreos  del siglo II, cuando escribían en los Evangelios que  Jesús murió a la hora nona, esto es las  tres de la tarde. Eso muestra una sociedad muy tradicional que no está dispuesta a cambiar sus formas para adecuarse a la dirección occidental. Esta conclusión permite entender muchas otras observaciones.
Por ejemplo el calendario utilizado allí es conocido también como  Ge´ez, basado en el calendario copto indígena- de tipo solar, desarrollado por su iglesia, valiéndose de antiguos cálculos astronómicos relacionados con el movimiento de la tierra alrededor del sol y sigue el  calendario juliano. Así cada cuatro años se añade un día de ahí que el número de días del mes 13 varíe entre 5 y 6, (epagómenos) el sexto día se añade cada 4 años o sea el año bisiesto. Como los etíopes viven en una cultura cristiana, cada  cuatro años hay que añadir  ese día suplementario, y está  dedicado a uno de loa                                                                                        evangelistas El primer bisiesto por ejemplo está dedicado a Lucas, el resto a JuanMateo y Marcos siguiendo este orden.
El año comienza  el 11 de septiembre (12 de septiembre los años bisiestos)  Desde septiembre 11, (Tseday -año nuevo) hasta el 31 de diciembre el calendario etíope tiene 7 u 8 años de diferencia con nuestro Gregoriano. La diferencia es de 7 años y ocho meses, por ejemplo el año  etíope  1983 comenzó el 11 de septiembre de 1990, según el calendario gregoriano, y terminó el 10 de septiembre de 1991, por lo que hasta el 12 de septiembre de 2007 no celebraron la entrada al nuevo milenio. Todos los documentos oficiales siguen el calendario tradicional.
 Este firme afincamiento en la tradición se  hace presente  en otras actividades. Por ejemplo los  oficios religiosos, tanto islámico como cristiano ortodoxo  empiezan a las cinco de  la madrugada nuestra. Los buses interurbanos si pueden llamarse así, parten todos a esa hora. Una cultura campesina que se impone sobre  las  comodidades de la modernidad occidental.
Etiopia es un país  exótico donde la  vida normal no  se ha adaptado al  sistema occidental, como en los otros países que solemos visitar. Estos  han reproducido un sistema cómodo que hace sentirse al turista como en su casa. Existe, sin embargo, un pequeño circuito turístico disponible para los  no más de 500 000  viajeros foráneos que  la visitan anualmente.
Visitarla con los  ojos abiertos le permitirá apreciar una realidad, donde convive una diversidad de etnias que asumiendo su identidad –desde la forma externa, el vestuario o el peinado le dan
un carácter multifacético                      

Pero que Etiopía es un destino exótico no le  quepa duda, y que vale  el esfuerzo visitarlo, tampoco. (Continuará)
1) Indudablemente un país pobre no puede permitirse reemplazarlos por ahorrarse los costos, aunque también indica el bajo acceso a la banca de las mayorías. Son los bancos los que ponen en circulación los billetes. La baja denominación se explica como una de las medidas gubernamental  para reducir la corrupción al nivel básico, pues cualquier coima se transforma en un volumen notable de efectivo. El gobierno, se ha comprometido adhiriéndose a  la declaración de Maya de la Alianza para la Inclusión financiera (AFI) a promover  la  incorporación de la población mas pobre al sistema bancario: recientemente  legalizó un marco normativo para la banca a través de los aparatos móviles

                                    29 julio 2019.

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